El
personal que labora en la industria está destinado a permanecer en el lugar en
el que inició, pues ese sitio es el que le corresponde dentro de la estructura
que compone una industria para llegar así a ser funcional.
Las
fábricas textiles en Camboya no tienen una regularización por parte del Estado
contra el abuso laboral y las pocas que existen no son rigurosas, el 90% de los
trabajadores lo constituyen mujeres, que muchas de las veces son discriminadas
por embarazos, además de ser obligadas a trabajar horas extras, por lo que no
sorprende que existan desmayos durante la jornada laboral.
La
teoría funcionalista propone que una persona no sea tomada como ser individual,
sino que siempre esté inmerso en un grupo dentro de la sociedad, pues se
convierte en una pieza importante del rompecabezas que representa a una
industria dentro de la sociedad, pero no necesariamente porque la persona que
ocupa el puesto es irreemplazable, sino porque el trabajo que se realiza en ese
puesto es de vital importancia.
“En
efecto, la vida social, allí donde existe de una manera permanente, tiende
inevitablemente a tomar una forma definida y a organizarse y el derecho no es
otra cosa que esa organización, incluso en lo que tiene de más estable y
preciso (18)”. (Durkheim, E.s.f. De la
división del trabajo social, p.11)
Quienes
son parte de una industria tienen un lugar específico en la misma, cargan con
la responsabilidad de realizar el trabajo que se le ha asignado para no demorar
el de los demás. Pero nunca se toma en cuenta sus necesidades básicas, se les
impone metas de trabajo altas, que no les resta tiempo para relacionarse con
sus compañeros, el ser humano es un ser social por naturaleza, al restringir
esa condición una parte de sí mismos es quebrantada y su ser es reducido a
nada.
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