domingo, 24 de enero de 2016

El consumismo: motor de la explotación


Tenemos presente que una industria no puede sostenerse si se produce en masa y no se venden grandes cantidades, la cadena de abuso se rompería si las personas tomáramos conciencia del verdadero precio a pagar por la ropa que vestimos o los aparatos que utilizamos.
Si nosotros como consumidores dejáramos de consumir tantos productos que muchas de las veces son innecesarios,  las industrias antes nombradas no tendrían la necesidad de producir en masa. Por lo tanto la explotación laboral se la dejaría de lado, claro está que no sería en su totalidad, pero es obvio que si se reduciría en grandes porcentajes.
Lastimosamente estamos sumidos en un mundo MODERNO, se nos han impuesto miles y miles de estereotipos impulsados a través de los medios comunicacionales, es posible decir que resulta imposible salir de este sistema que nos obliga a tratar de parecernos constantemente a las súper potencias.

“Denominamos a esta visión “eurocéntrica” porque indica como punto de partida de la “Modernidad” fenómenos intra-europeos, y el desarrollo posterior no necesita más que Europa para explicar el proceso”. (Dussel, E.s.f. Europa, modernidad y eurocentrismo, p.46)

Y es que la modernidad es más que una etapa histórica, es una manera de entender el mundo, se ha implantado a Europa y a las grandes potencias como referentes de desarrollo mundial, los países tercermundistas han sido prácticamente obligados a seguir un referente de desarrollo unilineal, por lo que el consumismo estará presente en nuestras vidas, como parte esencial de nuestra cultura.
Se ha generado un sentimiento de culpabilidad por no parecernos a las grandes potencias, sometiéndonos a repetitivos intentos por conseguirlo  y para lograrlo es necesario invertir en productos o cosas que nos garanticen que nosotros como “periferia” al menos nos pareceremos un poco al “centro” del mundo.



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