domingo, 24 de enero de 2016

Introducción


El consumismo es un mal que nos asecha a cada instante, la globalización es un factor importante en la aceptación de estereotipos impuestos por las grandes potencias hacia los países tercermundistas. El hecho de que se nos asedie con normas de cómo debería ser una sociedad moderna, influye en que estemos continuamente tratando de parecernos a aquellas potencias, para ello consumimos sus productos y lo que conseguimos es seguir llenando de dinero y de una idea de superioridad a las minorías.
Cuántos nos hemos deslumbrado tras visualizar las características únicas y cada vez mejoradas de los aparatos electrónicos ya sean computadoras, teléfonos celulares, iPad´s, iPod´s, entre otros. O hemos muerto de ganas por adquirir ropa de las marcas imponentes a nivel mundial.
Pero nunca o escasas veces hemos reflexionado sobre cuál es el verdadero precio a pagar por aquellos implementos. China un estado soberano situado en Asia Oriental, es el país más poblado de todo el mundo, primera potencia económica mundial, el Reino de Camboya país con una población de 15 millones de personas, México decimocuarto país más extenso del mundo y tercero más grande de América Latina, entre otros tantos, son países llenos de industrias que someten a sus trabajadores a jornadas laborales denominadas por ellos mismos como “inhumanas”, todo esto para satisfacer a la demanda de los consumidores.
El verdadero problema es que en una sociedad capitalista aquel que deje de trabajar no tiene los recursos necesarios para sobrevivir, por lo tanto nunca debe dejar de hacerlo.
Aquellos que trabajan sin cesar forman parte de una estructura sólida, en el momento en que alguien no encaje, el sistema se irá deteriorando.
Y visto desde la perspectiva del trabajador, su función nunca dejará de ser la misma, trabajaran para poder sostener su economía, pero no ganarán más de lo que se establece al ingresar a un puesto de trabajo, ni aun cuando su producción sea mayor a la de la habitual.
En las siguientes entradas analizaremos estas problemáticas, que aún en la actualidad están vigentes, basándonos en los textos de Marx sobre el Trabajo Enajenado, de Durkheim sobre la Teoría Funcionalista y  además tomaremos algunos conceptos que emite Dussel en su texto sobre La Modernidad.

Trabajo: Principal fuente de desgaste humano


Como ya se ha mencionado China es un país con uno de los mayores sistemas de industrias en las que sus trabajadores son explotados a fin de conseguir la producción deseada con la que se saciará la demanda de los consumidores.
La industria China es de las más nombradas por tener en ellas un gran abismo existente entre un discurso de responsabilidad social empresarial de las multinacionales y la realidad de las fábricas. Las condiciones en las que se trabaja no son muy buenas, el salario es tan bajo que se es necesario tomar horas extras, aun cuando el horario laboral de por sí ya es muy pesado.
Las personas que trabajan en las industrias ya sean textiles o electrónicas, son quienes reciben condiciones pésimas para laborar, pero además de ello están sometidas a perder parte de sí mismas.

 “El objeto  que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor. El producto del trabajo es el trabajo que se ha fijado en un objeto, que se ha hecho cosa; el producto es la objetivación del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. Esta realización del trabajo aparece en el estadio de la Economía Política como desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación”.  (Marx, K. s.f. El trabajo Enajenado, pp. 1-2)

El trabajador cumple un rol fundamental en una industria, pues es quien da vida a todos los productos que serán luego destinados a la venta. Pero al producir en serie, cada producto lleva consigo una parte del trabajador, por lo que en el texto de Marx se lo denomina: Obrero desposeído. Con la producción en masa, se va perdiendo poco a poco el sentido de apropiación sobre el objeto de parte del obrero, ya que se entiende que este no le pertenece a pesar de que lo haya realizado, pues es de propiedad del dueño del medio de producción, convirtiendo así al obrero en mercancía.

“Ciertamente el trabajo produce maravillas para los ricos, pero produce privaciones para el trabajador. Produce palacios, pero para el trabajador chozas. Produce belleza, pero deformidades para el trabajador. Sustituye el trabajo por máquinas, pero arroja a una parte de los trabajadores a un trabajo bárbaro y convierte en máquinas a otra parte”. (Marx, K. s.f. El trabajo Enajenado, p.2)

Lo que para unos pocos representa felicidad, pero otros miles significa las pérdida de sí mismos, la desvalorización de su ser, el menosprecio de su obra. 

Obreros forzados a transformarse en máquinas


El personal que labora en la industria está destinado a permanecer en el lugar en el que inició, pues ese sitio es el que le corresponde dentro de la estructura que compone una industria para llegar así a ser funcional.
Las fábricas textiles en Camboya no tienen una regularización por parte del Estado contra el abuso laboral y las pocas que existen no son rigurosas, el 90% de los trabajadores lo constituyen mujeres, que muchas de las veces son discriminadas por embarazos, además de ser obligadas a trabajar horas extras, por lo que no sorprende que existan desmayos durante la jornada laboral.
La teoría funcionalista propone que una persona no sea tomada como ser individual, sino que siempre esté inmerso en un grupo dentro de la sociedad, pues se convierte en una pieza importante del rompecabezas que representa a una industria dentro de la sociedad, pero no necesariamente porque la persona que ocupa el puesto es irreemplazable, sino porque el trabajo que se realiza en ese puesto es de vital importancia.

“En efecto, la vida social, allí donde existe de una manera permanente, tiende inevitablemente a tomar una forma definida y a organizarse y el derecho no es otra cosa que esa organización, incluso en lo que tiene de más estable y preciso (18)”. (Durkheim, E.s.f. De la división del trabajo social, p.11)

Quienes son parte de una industria tienen un lugar específico en la misma, cargan con la responsabilidad de realizar el trabajo que se le ha asignado para no demorar el de los demás. Pero nunca se toma en cuenta sus necesidades básicas, se les impone metas de trabajo altas, que no les resta tiempo para relacionarse con sus compañeros, el ser humano es un ser social por naturaleza, al restringir esa condición una parte de sí mismos es quebrantada y su ser es reducido a nada.


El consumismo: motor de la explotación


Tenemos presente que una industria no puede sostenerse si se produce en masa y no se venden grandes cantidades, la cadena de abuso se rompería si las personas tomáramos conciencia del verdadero precio a pagar por la ropa que vestimos o los aparatos que utilizamos.
Si nosotros como consumidores dejáramos de consumir tantos productos que muchas de las veces son innecesarios,  las industrias antes nombradas no tendrían la necesidad de producir en masa. Por lo tanto la explotación laboral se la dejaría de lado, claro está que no sería en su totalidad, pero es obvio que si se reduciría en grandes porcentajes.
Lastimosamente estamos sumidos en un mundo MODERNO, se nos han impuesto miles y miles de estereotipos impulsados a través de los medios comunicacionales, es posible decir que resulta imposible salir de este sistema que nos obliga a tratar de parecernos constantemente a las súper potencias.

“Denominamos a esta visión “eurocéntrica” porque indica como punto de partida de la “Modernidad” fenómenos intra-europeos, y el desarrollo posterior no necesita más que Europa para explicar el proceso”. (Dussel, E.s.f. Europa, modernidad y eurocentrismo, p.46)

Y es que la modernidad es más que una etapa histórica, es una manera de entender el mundo, se ha implantado a Europa y a las grandes potencias como referentes de desarrollo mundial, los países tercermundistas han sido prácticamente obligados a seguir un referente de desarrollo unilineal, por lo que el consumismo estará presente en nuestras vidas, como parte esencial de nuestra cultura.
Se ha generado un sentimiento de culpabilidad por no parecernos a las grandes potencias, sometiéndonos a repetitivos intentos por conseguirlo  y para lograrlo es necesario invertir en productos o cosas que nos garanticen que nosotros como “periferia” al menos nos pareceremos un poco al “centro” del mundo.